jueves, 3 de septiembre de 2009

11 de agosto 2009 ( Primera parte)

Jet lag.
Cuarto día.
Esta vez nos despertamos a las cinco de la madrugada, y poco después sentimos un temblor en el edifico. Se ha producido un terremoto de la escala 6 de Richter en alguna zona de la isla (que acojono...), y en la recepción del hotel nos han informado de que es algo muy habitual sentir pequeñas vibraciones en la ciudad (bufff...)

Aprovechamos el madrugón para conocer la Lonja de Tsukiji, un gigantesco núcleo gastronómico que palpita a un ritmo frenético. Aquí los trabajadores gritan, cortan bloques de hielos, transportan pescado, escupen, paran a fumar..., por la forma de trabajar tan enérgica y eficaz que tienen, uno entiende como Tokio a pasado a ser una de las ciudades más impresionantes del mundo.
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Después de tanto estrés desayunamos en Ginza, una zona comparable a la Quinta Avenida de Nueva York, las grandes boutiques están a punto de abrir pero el consumismo snobista que caracteriza la zona es escaso. Paseamos por sus grandes calles y decidimos volver una próxima vez, en su mejor momento a poder ser (próximamente).
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Nos llama la atención un Aquarium que se encuentra en plena calle, concretamente a puertas del edificio Sony, y nos sorprendemos aún más cuando vemos echando fotos a los peces al gran Juan Luis Guerra (¿querría ser un pez para ahogar su nariz en la pecera? jejejeje....)
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Entramos en el edificio Sony para conocer sus últimas tecnologías.
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Por proximidades vamos paseando hasta los jardines orientales del Palacio Imperial
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Agotados, cogemos el metro hasta el barrio y comemos unos espaguetis al pesto cojonudos y una tortilla francesa sobre un risotto de champis increíble.
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(continuará...)

martes, 1 de septiembre de 2009

10 de agosto 2009

El despertarse completamente despejado a las cuatro de la madrugada y observar desde la ventana del hotel que está lloviendo con ganas no parece un buen comienzo. Uno se caga en el jet lag con más rabia que haber pisado mierda, y pese al cansancio y la jarreada que está echando salimos a desayunar a la cafetería más proxima del hotel.

Tras un buen desayuno (café, zumo y una bollería exquisita) volvemos al hotel para planear el itinerario de nuestro tercer día en la ciudad.

Nos trasladamos al distrito de Roppongi, concretamente a una "mini-ciudad" que llaman Roppongi Hills. Casas de lujo, parques, y el impresionante Museo Mori de Arte Contemporáneo de la planta 52 del edificio Mori Tower, donde uno puede observar la gigantesca ciudad de Tokio.
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En el museo se presentan obras del artista AI WEIWEI que se exponen en ese momento, además de fotografías sobre como se fueron construyendo los estadios olímpicos de Shangai y unas videoproyecciones un tanto surrealistas pero que a mí personalmente me fliparon.
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Comemos un menú por aproximadamente 6 euros que se componía de una sopa de algas, espaguetis a la bolognesa y café. Calidad-precio bien.
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La guía nos conduce a una zona cercana a Roppongi, Akasaka. Se trata de uno de los más importantes centros de negocio de la ciudad. Al parecer, pasear por sus calles compuestas por grandes edificios acristalados en pleno agosto no tiene nada de impactante, sinceramente creo que invertir tiempo y energía en conocer ésta zona no merece la pena..
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Volvemos al hotel a descansar un rato y tras un par de horas de siesta decidimos terminar el día cenando en Shinjuku, nuestro barrio.
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Nota: Aún sabiendo que Roppongi es una zona recomendada para salir de marcha, el cansancio que acumulábamos a ultima hora del día y el jet lag mataron nuestra curiosidad por querer conocer la vida nocturna del lugar. (Mucha pereza).